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MI CONDESA

¡No leo a Valera ni a Pereda!


Amante de Galdós durante más de veinte años, cometió pequeñas infidelidades, que ella, definió maravillosamente como “un error momentáneo de los sentidos, fruto de las circunstancias imprevistas”, cuál Sandro Giacobbe en su canción “El jardín prohibido”. Y cuál exquisita traidora, le declara, “… he merecido tu cólera, tu desdén, tu indiferencia; lo merezco todo; y sin embargo, te quiero…”

De pequeño sobre mi cama había una estantería que albergaba libros familiares. Una noche con once o doce años, para intentar conciliar el sueño cogí un libro editado por Aguilar con tapas de cuero, “Obras escogidas” de Emilia Pardo Bazán. Había tantos cuentos, era tan fácil leerlos…


Descubrí el amor, la miseria, el infortunio, el engaño, la compasión, la patria, conocí Marineda, el mar, palacios, besos, Galicia, ¡¡todo!! a través de aquel pequeño libro de finísimas páginas de papel cebolla con el que he ido creciendo en vida y canas.


Ese libro, robado de la biblioteca de mis padres (como tantos otros), privilegiado protegido de mi vida, se instaló en mi mesilla de noche de manera permanente, con derechos forales adquiridos de territorio inexpugnable.


Pereda, misógino declarado, justificó su petulancia de escritor inferior con ataques machistas a mi querida y cultísima amante de noches insomnes. Valera, con la soberbia del arrogante narcisista, rechazó a la condesa alegando impedimentos de sexo débil.


Y cual amante despechado, han merecido “mi cólera, mi desdén, mi indiferencia, …


F.N.



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